Continúa la cuenta regresiva hasta llegar al disco + Turbado de 2011. El día de hoy, nos encontramos con discos que ayudaron a darle una buena refrescada a géneros tan disímiles como el folk, el trance o el electropop. De igual forma, veremos discos que, de nuevo, no entendemos cómo no vimos en más listas de lo mejor del año. No podían faltar tampoco uno que otro flop y, literalmente, una fiesta universal.
Sigan descubriendo con nosotros los 50 discos + turbados de 2011 (no olviden checar la primera parte). Les dejamos también el calendario de publicación:
- Lunes 23: 50-41
- Martes 24: 40-31
- Miércoles 25: 30-21
- Jueves 26: 20-11
- Viernes 27: 10-01
40. Destroyer / Kaputt
Clasificar a Kaputt como indie rock es limitarnos. El álbum juega con reverbs, sintetizadores que van de lo cósmico a lo ochenteramente camp, órganos, coqueteos al jazz, guiños al soft rock, y sí, saxofones, muchos saxofones. Tal vez no lo hemos explicado aquí, pero en este blog consideramos al saxofón un instrumento de doble filo (por no llamarle arma): por un lado, otorga un sonido melancólico/nostálgico a las producciones en las que aparece, por el otro, se abusó tanto de él durante los años ochenta, que, si se le usa mal (como la mayoría de las veces) termina haciendo sonar la producción en la que aparece como algo ridículo. Como imaginarán, ese no es el caso de Kaputt, que con un título como ese y sabiendo la fuerte presencia saxofónica podría pensarse que estamos ante un disco ridículo. Dan Bejar, experto ya en el área, lo hace con toda la intención: musicalmente, dota al álbum de una cierta ironía que no sabemos qué tan en serio tomar para analizar a nuestra sociedad, analizando temas tan fuertes (y ciertamente cliché) como el suicidio o las drogas). Las letras, frescas y narrativas, se encargan de completar la ironía de Bejar. Resumiremos la idea de este disco en algo muy sencillo: si Denys Arcand, compatriota de Bejar, tuviese que volver a filmar La decadencia del imperio americano, éste tendría que ser definitivamente el soundtrack.
39. Gus Gus / Arabian Horse
Es un recurso muy barato decir que el último disco de GusGus es justo como el caballo blanco que usan en la portada, sin embargo, lo vamos a usar. Y es que en esta entrega, la banda islandesa lleva el house, qué va, su sonido, a otro nivel. Basta ver el track inicial, Selfloss, una pieza trance de casi cinco minutos que evidentemente aboga por la introspección y que, de repente, se transforma de la nada en una canción gitana. Esos sintetizadores delicados, que parecieran pedirnos voltear hacia nosotros mismos, se mezclarán a lo largo de todo el disco con cuerdas y elementos –evidentemente– árabes con una precisión que de tan perfecta parece imposible. Así volvemos, pues, al caballo del principio, cada uno de los 10 temas aquí contenidos poseen una fuerza delicada y una belleza que parece histórica. Todos los temas poseen una intimidad muy particular, y parecieran querer llevarnos a un clímax que simplemente no llegará, pero ¿Qué acaso no es esa la finalidad del trance? ¿Meternos en un estado de reflexión e introspección? GusGus nos invita a hacerlo montando este hermoso caballo blanco.
38. Rihanna / Talk That Talk
Lo pondremos así
de sencillo: sin We found love este disco no es nada. Repetitivo tanto en fórmulas, como sonidos o letras. Plano, falto de potencia, con samples metidos a la de a huevo, con letras penosas, y sin aportar nada nuevo ni a la música o la carrera de Rihanna, Talk that talk sólo nos sirve para demostrar que más le vale a esta muchacha tomarse un descanso de la música, o de lo contrario, la música terminará acabando con ella.
37. Will Young / Echoes
Año con año agradecemos un buen disco de electro pop sencillito que lo único que busque sea darnos buenas canciones de amor/desamor con una base bailable y sonidos ochenteros. Éste es el caso. Como ya lo hemos dicho, Will Young tiene una voz perfecta para este género, y la aprovecha en todas sus facetas: desde la jota el chico al que los celos lo están quebrando (Jealousy), la jota el chico con el corazón roto (Come on, Silent Valentine), la jota el cómplice (Lie next to me), la jota el amante asquerosamente sensual (I just want a lover, de las mejores, sin duda), la jota el chico perdido (Losing myself, Personal Thunder), la jota el chico enamorado (Hearts on fire, no confundir con la de Cut/Copy), hasta la jota el que ha logrado enmendar su corazón (Happy now, Good Things, Safe from Harm). En pocas palabras, Young nos lleva a través de un proceso amoroso completo: desde los celos que llevan a la ruptura, hasta el enamoramiento y la reconstrucción de su corazón. OK, no es el 21 de Adele, pero tiene lo suyo de efectivo. A todo esto cabría sumar la impecable producción del infalible Richard X, y estamos posiblemente ante el álbum que Sophie Ellis-Bextor debió hacer ¿Mencionamos que además tiene jotería harta de esa que tanto nos gusta?
36. The Dø / Both Ways Open Jaws
Éste fue uno de los discos nos enamoró más fácil durante 2011. Ya fuera el misterio que envuelve al disco entero, la frágil voz de Olivia Merilahti o el genio de Dan Levy para mezclar una serie de instrumentos que hacen de ésta, una obra orgánica que demuestra en todos los sentidos el poder de la música. Durante 2011, dejamos que la memoria se perdiera en el delirio de Merilahti en Dust it off, nos apasionapos con Gonna be sick! (en verdad, que pocas canciones tan buenas para dedicar al ser amado), escuchamos atentos la historia de The wicked & the blind, nos unimos a las súplicas de Olivia en Too Insistent, bailamos hasta el cansancio las Bohemian Dances (tanto que ya nos hemos apropiado del término), marchamos por la misteriosa Slippery Slope, y nos fuimos a dormir con Leo Leo, Was it a dream? y ese hermoso canto de sirenas que es Moon Mermaids. La grandeza de Both ways open jaws no cabe en un sólo género, un disco que demostró la fuerza y la belleza de la música.
35. Feist / Metals
Después del éxito masivo de esa joya titulada The Reminder, era un hecho que Feist necesitaba cambiar de aires. El álbum anterior había representado un éxito completamente inesperado para la canadiense, un éxito que posiblemente se haya sentido como una invasión para temas tan íntimos como My Moon My Man y otros ahora clásicos. Por lo mismo, Leslie Feist requirió de un año sabático y un posterior aislamiento en el Big Sur de California junto a sus inseparables e infalibles Mocky y Gonzales. El resultado fue un disco orgánico, plagado de arreglos envolventes, en que podemos casi sentir la textura de cada instrumento a través de ecos y reverberaciones que nos llegan hasta dentro. Los coros que integra Feist en temas como Graveyard (inspirada en los panteones mexicanos), A Conmotion o Anti Pioneer, no sólo le dan un sentido más orgánico a la producción, sino más humano. El primer sencillo extraído de Metals, How come you never go there, refleja bastante bien a lo que nos enfrentaremos: poderosos arreglos de cuerdas y metales (de ahí probablemente el nombre del álbum) y finas instrumentaciones que deciden aprovechar a experimentar con todo lo que tengan a la mano. El camino que Leslie Feist está siguiendo la convierte, indiscutiblemente, en la reina del indie.
34. La Casa Azul / La Polinesia Meridianal
Guille Milkyway no ha hecho un álbum, ha creado una explosión sonora incontenible. No hay descanso en ninguno de los 10 temas que componen a La Polinesia Meridional, pero no lo necesitamos. El tema abridor lo dice todo: Los chicos hoy saltarán a la pista, este primer sencillo y bomba, es un augurio de lo que vendrá durante los próximos 50 minutos: una inyección de baile a través del mejor pop hecho últimamente. Guille tiene una capacidad única para mezclar géneros y elementos: ya sea el soul de los girl groups de los sesenta, el rock, dance o disco. Muchas de las canciones, si nos quedáramos sólo con ellas, podrían sonar al jingle de algún comercial (cosa hasta cierto punto natural comprendiendo la vena de publicista de Milkyway) o a canción de artistas pop de la talla de Luis Miguel, sin emabrgo, las letras de Milkyway son lo suficientemente inteligentes como para no caer nunca en el cliché. De hecho, pareciera ser que La Polinesia Meridional juega con todos los clichés posibles y nos dice: “Sí, sueno a esto ¿Y qué?”, derribando todo posible prejuicio musical (algo que, como saben bien, nos encanta). El disco entero es, como el tema que elegimos para las 100 canciones + turbadas de 2011, una Fiesta Universal y, al igual que otro de los temas del disco, resulta una Colisión Inminente de pop simplemente perfecto, hecho enteramente, en nuestro idioma. Éste es el disco que, sin duda, los pondrá de buen humor y que Carlos Berlanga hubiera amado.
33. Fleet Foxes / Helplessness Blues
El segundo disco de Fleet Foxes es simplemente un hito en el folk. Si nadie nos dijera que fue producido el año pasado, pensaríamos que estamos ante alguna pieza perdida de Simon & Garfunkel o Crosby, Stills, Nash & Young. Y a pesar de parecer un disco del pasado, hay en él también algo que lo hace sentirse inevitablemente fresco. Las armonías vocales, las guitarras sencillas y los arreglos, hacen de la música de los Foxes una especie de bálsamo para la estridencia de nuestra época. Es como si de repente alguien detuviera el tiempo y simplemente nos dijera: escucha. Y así, tenemos 12 temas que consiguen sacarnos de la realidad a un punto de paz, en el que es posible regresar a las raíces, en el que es posible, no sólo oír sino, insistimos, escuchar. Es una ironía el título de este álbum, pues más que a blues desesperanzado, suena a folk lleno de posibilidades.
32. Sophie Ellis-Bextor / Make a Scene
Make a Scene pudo haber sido un gran disco (y de alguna manera lo es…en 2008), pudo haber sido el álbum que presentara a una Sophie madura, reina del electropop, sólida e imbatible; sin embargo, algo falló y terriblemente ¿Cuál fue el principal problema de Make a Scene? La inconsistencia. Y vamos, que esto ni siquiera es un problema de Sophie en sí, sino de la disquera y los constantes atrasos a los que la sometieron. El disco en sí no es malo, tiene una lista envidiable de productores (Calvin Harris, Richard X, Metronomy, Freemasons y…ejem…Armin Van Buuren, entre otros) y excelentes temas (Revolution, Heartbreak, Can’t fight this feeling, Starlight y el regalo de la señora Róisín Murphy, Off & On); sin embargo, a pesar de todo lo anterior, el disco no termina de cuajar. Y es que sí, son grandes canciones y grandes productores: pero cada una por su lado. El disco se siente falto de dirección y muchos de los temas hubieran sido geniales entre 2008 y 2010, años en los que fueron creados. La diversidad de géneros en este caso tampoco ayuda: en vez de adaptar el electro o el trance a Sophie, ella ha tenido que adaptarse a ellos (principalmente porque estas canciones eran, en realidad, colaboraciones), quitándole identidad a Make a Scene. Todos los elementos anteriores hacen que Make a Scene se sienta como uno de los mayores flops del año. Posiblemente la cosa no sea tan grave (vamos, que no es el 4 de Beyoncé y mucho menos estamos ante un Bionic), pero después de un álbum como Trip the light fantastic, habían demasiadas expectativas sobre Sophie, mismas que, por decisiones seguramente ajenas a ella, no pudo cumplir. Esta mala fama de la que gozó el disco (notoria en nuestras votaciones), hizo que no se le mirara con buenos ojos a un álbum que, en manos de otro artista, seguro hubiera sido visto mejor. Sophie no decepciona, y estamos seguros que con su próxima producción retomará la escena que ella misma hizo.
31. Azari & III / Azari & III
Azari & III no podrían haber elegido mejor canción para abrir su álbum debut: Into the night, una invitación, no sólo a lo que mencionan al título, sino a la reinvención del house, a la vuelta de los noventa y, sobre todo, a uno de los discos que más nos hizo bailar durante 2011. Mientras otros artistas parecían esforzarse demasiado para adaptarse a esta vuelta del house, parecía que Dinamo Azari y Alixander III llevaban toda la vida (o al menos desde 1989) removiendo la pista. Las voces de Fritz Helder y Cedric (que lucen por completo en los sencillos Reckless with your love y Manic) son simplemente perfectas para el género, y los productores las aprovechan al máximo. No conforme con una buena selección de house, Azari & III deciden darnos una dosis de tecno que, de nuevo, nos hace creer que llevan haciendo esto toda la vida. Así, tenemos piezas instrumentales hechas para el baile como la maníaca Tunnel Vision o la adictiva Indigo. Temas como Undecided son una auténtica explosión, mientras que el dúo/cuarteto nos muestra un lado mucho más amable en canciones como Infiniti o la preciosista Change of heart. Azari & III decidieron tomar las bases del tecno y el house (es decir, Detroit y Chicago) y reinventarlo para la época.
WILL YOUNG!!!!!!!!!!!!!!!!!! WIN!!!!!!!!!!!!!!!!!!