Me enamora fácil: El disco de la Semana
Tres años han sido necesarios para preparar este disco (y para el tiempo que nos tomamos, pareciera que para preparar esta reseña). Tres años de que Florence Welch tuviera un éxito rotundo, tres años para que se fuera de gira hasta el cansancio (creemos que sólo Lady Gaga la supera en la categoría “vivo haciendo el mismo tour”), tres años para que nos aprendiéramos una y cada una de sus canciones, pero sobre todo, tres años para descubrir qué es lo que le gusta a la gente, para encontrar qué es eso que hace ella que se ha ganado el gusto de todos y que tanto vende.
Tan fuerte es la marca de Dog days are over que es imposible aún sacárnosla de la cabeza, y tan rentable se volvió esa marca, que Florence y Paul Epworth (productor de Lungs, primer álbum de la británica) decidió manufacturar su segunda producción con esos mismos elementos que le dieron éxito: potencia, emotividad y esa combinación exacta de indie, pop, folk y rock que la hace lo suficientemente tolerable para el mainstream y lo necesariamente auténtica para el mundo “alternativo”, si es que aún podemos hablar de esas diferencias.
Sin embargo, a pesar de que Ceremonials es una clara muestra de terreno seguro, de trabajar con lo que ya vimos que funciona y rinde frutos, no deja de ser un muy buen álbum. De hecho, es esta consistencia la que le da su mayor cualidad: estamos ante un disco muy sólido. No hay canción que baje la guardia, tal vez muchas no decidan ir más allá, sin embargo, en todas encontramos el grito potente de Florence rodeado de una instrumentación poderosa, en la que las arpas, guitarras y cuerdas parecieran ser sus armas, acompañadas por una batería a veces de batalla, a veces, haciendo honor al título del disco, ceremoniosa. Y en medio de esto las letras directas de la Welch, esas que nos llegan directo a la médula.
La primera muestra de lo anterior la tuvimos con Heavy in your arms, ese intermedio entre Lungs y Ceremonials que tenía todo el peso de su título y esa cualidad conciliadora de Florence de hacer que una misma canción apareciera tanto en el soundtrack de una película emo-conservadora-adolescente como en Pitchfork. Luego vino el cóver a Buddy Holly y finalmente What the water gave me, el primer sencillo de Ceremonials. Estos tres bocados nos decían que se venía buena la cosa.
Inspirada por una pintura de Frida Kahlo y el suicidio de Virginia Woolf, What the water gave me nos traía a donde Lungs y Heavy in your arms nos habían dejado: un espacio gótico, de amores oscuros que se sirve de una metáfora poderosa (el agua y su capacidad para dar y quitar vida) para hablar del amor. Y sí, es justo ésta la fórmula de Florence de la que tanto les hablamos y vaya que funciona bien.
Ahí está el segundo sencillo, Shake it out, un himno (sí, un himno) de libertad de esos que Florence sabe hacer tan bien (¿Alguien dijo Dog days are over?) y que ella describió como “una canción para curar la cruda”, y posteriormente en palabras más formales, un tema “para sacar los males que traemos dentro” ¡Y funciona! A pesar de lo formulaico del tema (un inicio delicado que nos engancha para llevarnos a una explosión liberadora), es inevitable acabar con esa sensación de habernos deshecho de algo que nos pesaba (en el caso de Florence parecieran ser los caballos de Dog days…, ya que ella misma promete en la canción “enterrar al caballo”). La canción pareciera una especie de exorcismo para sacar a todos nuestros demonios y justo en ello radica la esencia del álbum.
Ceremonials es el título de una instalación de arte realizada durante los años 70 que inspiró a Florence para terminar de amarrar el concepto de su disco. La cantante ha declarado que la palabra y el concepto se le quedaron pegados un buen tiempo, que quería que este disco fuese ese exorcismo del que hablábamos, una ceremonia mística, tal como lo retrata en Only if for a night, canción que contiene en su letra el título del disco y encargada de abrirlo. A ésta le siguen los ya mencionados What the water gave me y Shake it out.
El mar vuelve como metáfora en Never let me go, cuarto tema que funciona como una de las baladas del álbum y que es posiblemente de las canciones más complacientes, pero no por eso, de menor calidad.
Unas campanas anuncian Breaking Down, uno de los mejores temas del álbum: Florence nos da un respiro de la pesadez barroca de los temas anteriores y pareciera rendir tributo a Pulp (podemos imaginarnos perfectamente a Jarvis Cocker cantando con su agridulce ironía) o a Marianne Faithfull.
El principal punto diferencial de este álbum con Lungs son los toques soul que Epworth y Welch han decidido darle, más notoriamente, en temas como Lover to lover, que nos recuerda que en la lista de artistas reclutadas por Epworth está Adele.
No Light, No Light marca la mitad del disco y el auténtico inicio de la ceremonia de Florence. Lo anterior ha sido un descanso para el rito que estamos a punto de presenciar. La británica había dicho en entrevistas previas que este disco estaría lleno de temas “médicos y científicos”, sin embargo, el resultado es más bien un acercamiento hacia temas como el misticismo, los demonios, fantasmas y espíritus. Así lo demuestran temas como Seven Devils, Spectrum (indudablemente, uno de los mejores temas), All this and heaven too o Leave my body, tema que cierra la edición estándar del disco y que nos dice que el rito se ha completado, que el exorcismo se ha logrado.
Si bien, la calidad no falla en esta segunda parte del disco, el barroquismo de Florence comienza a pesar, a cansarnos. Y es que es éste el principal problema del disco: no es fácil de digerir, e incluso, creemos que no es posible (o al menos no se debe, para apreciarlo bien), escucharlo de una sola vez. Todas las canciones son demasiado pesadas como para cargar con ellas al mismo tiempo,
Florence necesita darnos un respiro para que podamos tomar cada uno de los 12 temas de este disco, ya que al no hacerlo, grandes canciones como Heartlines, con sus gritos tribales y su gran fuerza, se pierden entre tanto barroquismo (que, de alguna manera, es esa la finalidad del género).
Así pues, estamos ante un segundo álbum bastante sólido. Florence pasó esta prueba que, como ya hemos dicho, es una de las más difíciles para todo artista, pero la pasó sin arriesgar mucho, con el riesgo de hacer sentir a Ceremonials como un compilado de las canciones que no consiguieron entrar a Lungs por pesadas u oscuras. Insistimos, esto no le resta en lo absoluto calidad al álbum y de hecho, lleva a Florence a un terreno que nos demuestra que es una auténtica artista que vino para quedarse: el de la voz propia.
Con Ceremonials, Florence termina por delinear su estilo, algo que como ya hemos comentado aquí, es muy difícil de conseguir para cualquier artista ¿El peligro? Una vez que encuentras tu propia voz corres el riesgo de sonar siempre igual.
Mención especial merece la estética de Ceremonials, con una Florence disfrazada de pintura de Tamara de Lempicka: más adecuada no podría ser.
Al final, este disco saca la mayor cualidad de la británica: la capacidad de conciliar sonidos y personalidades, con música honesta y directa. La máquina de Florence aún tiene mucho, mucho para dar.
What the water gave me
Shake it out
No light, no light (Late Live…with Jools Holland)
Y aquí una pequeña probadita de todo el álbum
· Escúchalo si te gustan: Marina & the Diamonds, Lykke Li, Kate Bush, El Perro del Mar, Arcade Fire, Adele.
· Tracks destacados: What the water gave me, Shake it out, Breaking Down, Spectrum, Heartlines.
Bien dicho! comparto la idea de que Ceremonials no es un disco facil de procesar a la primera, pues despues de varias escuchadas pude apreciar el concepto del álbum.
Para nosotros es efectivamente un disco más pesado que Lungs, ha perdido algo de frescura en gran parte por una producción mas densa. Aún así es un buen disco.
http://disconcierto.blogspot.com/2011/11/critica-florence-machine-ceremonials.html