La Hermandad: Eterna Navidad.

Me enamora fácil: Disco de la semana

La Hermandad no es el nombre de alguna secta o grupo extremo cristiano, lamentablemente. Es, en realidad, un ingenioso proyecto comercial y de temporada que desarrollaron en 1986 los ejecutivos de EMI-Capitol México y los productores Gian Pietro Felisatti (responsable de muchos de los éxitos de Mijares, Rocío Banquells, Paloma San Basilio, Lucero, Daniela Romo, Alejandra Guzmán, Bosé, Kairo, Gey y Lucía Mñendez, entre otros) y Jesús Gluck (Yuri y algo de Victoria Abril en su faceta de cantante).

La fórmula no era por supuesto nada nuevo. 23 años antes Phil Spector ya había demostrado que juntar a los artistas del momento que estuvieran en tu disquera y readaptar los villancicos de toda la vida a la tendencia musical del momento era éxito seguro, aunque matasen al presidente estadounidense con más carisma en toda la historia de tu país el mismo día que publicaras tu disco.

Si a esto le sumamos la megalomanía de Televisa en ese entonces (y ahora también) por consumir, tragar, digerir y devolver todo lo que considerara vendible, estamos entonces ante el disco navideño más vendido en la historia de nuestro país.

El éxito fue tal, que 24 años después sigue siendo puesto en todas las posadas o casas de tías que alguna vez usaron hombreras hace cuatro lustros. Vamos, hasta al pobre de Raphael le pidieron en el infame programa Décadas de Televisa que entonara la versión de El niño del tambor (registrada aquí como El Tamborilero) que inmortalizó en esta grabación.

¿En qué reside el éxito de este disco, además de lo ya comprobado? En primer lugar, en México no había existido ninguna reunión de artistas tan objetiva como ésta: todos cantan a o por la navidad. En segundo lugar, cabe destacar que muchos de los artistas que aquí aparecen eran LAS estrellas pop del momento. Estamos hablando de la época en la que Yuri era nombrada la Madonna mexicana o que Mijares era el galán del momento (y eso ya es mucho decir).

En tercer lugar, está una segunda fórmula no mencionada: tan sólo un año antes el We are the World de Michael Jackson, Lionel Ritchie y Quincy Jones había demostrado que reunir a cientos de artistas en una canción coral con partes en solitario por una causa, dejaba bastante éxito y dinero. La única diferencia es que las ganancias de We are the World si fueron destinadas a una buena causa, las de Eterna Navidad nos gustaría saber a dónde fueron a parar (¿Alguien dijo Teletón?).

En cuarto lugar se encuentra el factor target: un país católico, y particularmente guadalupano, como México, seguro compraría por montones villancicos de temática religiosa y, por supuesto, con algún tema dedicado a la morenita del Tepeyac.

En quinto lugar está el factor utilitario: hay canciones bailables, así como baladas. Más práctico no se podría ser.

Por el lado musical, éste es un disco muy interesante de analizar. Éstos eran los días en los que españoles, italianos y franceses compartían sin ton ni son sus canciones con latinoamericanos (recordemos, por ejemplo, el Voy en Taxi de Angeliquita Vale, o la Maldita primavera de Yuri), por lo mismo, están ahí todas esas influencias electro europeas.

Estamos pues, ante una interesante producción de synth pop mexico-europea. Ahí están las Campanas Navideñas de Tatiana, Los Peces en el Río con Pandora (y ese sintetizador que podría haber sido de cualquier hit tanto de Sheena Easton como de Matiaa Bazar), el impronunciable e incomprensible Arre Borriquito de Denise de Kalafe, La Marimorena con el ya inexistente Oscar Athié (posiblemente la mejor producida del disco y que fácilmente podría haber sido, con otra letra, éxito de Bosé o una producción de Nacho Cano). Especial mención merece el Campana sobre campana (con esa bonita acentuación de “Cámpana”) de Yuri, que tiene a todas luces la intención de volverla la Madonna mexicana. En pocas palabras, ésta habría sido la música producida para la italo americana si alguna vez se le hubiera ocurrido cantar un villancico en estos años.

Por otro lado se encuentra la total influencia italiana-francesa de baladas que dan franca pereza y sólo gustan al tipo de señoras que mencionábamos antes (vamos, ni Barbra Streisand en sus peores momentos) en canciones como el Adeste Fideles de Mijares, la Blanca Navidad de Daniela Romo (poco más y se convierte en el Live to tell de Madonna), Los Campanilleros de Hernaldo (absolutamente somnífera y solemne), y la terriblemente olvidable Campanas de plata de Myriam Hernández (quién diría que ya desde entonces estaba presente). Mención aparte para El Tamborilero de Raphael que guarda la auténtica esencia de un villancico (los metales que funcionan como bajo de fondo son una absoluta delicia), con ese leve toque de copla y esa estructura que es una clara pirateada del bolero de Ravel. La única disfrutable.

Y qué decir de los temas compuestos de forma expresa para esta producción. Esta Navidad, el tema que cierra el disco, es la cosa más gris del planeta y sólo podría funcionar con el elenco completo en Siempre en Domingo. Todo lo contrario ocurre con el tema abridor: Ven a cantar. Pegajoso, alegre y tan perdurable que hoy día sigue rebotando en nuestras cabezas. En pocas palabras, efectivo.

Ésta es, pues, una de las ideas comerciales y de marketing mejor logradas en la industria discográfica mexicana que consiguió producciones interesantes para la época. Su mayor logro es, definitivamente, mantenerse hasta hoy día como el disco navideño que siempre recordaremos. Además de que ha sido el único de este género que ha sido dos veces reeditado en nuestro país. Eso, y que nos dio algunos de los momentos más sublimes del kitsch mexicano, para muestra, ver el final del vídeo Campanas navideñas de Tatiana.

 

· Escúchalo si te enamoran fácil: Todos los artistas que aparecen aquí, el kitsch ochentero mexicano, Mecano en su primera fase, Flans, los villancicos o el programa Solidaridad de Carlos Salinas de Gortari.

· Temas destacados: Ven a Cantar, Campanas navideñas, Los peces en el río, Arre borriquito, La Marimorena, Campana sobre campana y El Tamborilero.

 

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4 respuestas en “La Hermandad: Eterna Navidad.

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  4. Siempre me se sentí atraído por Los peces en el río. Sus letras enigmáticas (perturbadoramente oscuras para mí en mi infancia), las voces de las Pandoras (bellas de una forma misteriosa, como correspondía a la canción según yo la entendía), y la frialdad casi robótica (no-humana) de la música…Algo había en todo eso que me gustaba. Quince años después soy amante de la Coldwave, Darkwave, Synthpop, Electro-Punk, Minimal electronics…

    Gracias por una reseña tan graciosa(mente ingeniosa) como sincera. Y por el video de Tatiana sobre hielo, que nunca había visto.

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